| Para el récord:
Es irónico que se trate de la película china más cara de la historia, pues en los diálogos se usa la gramática del chino clásico en lugar del mandarín moderno, aunque la pronunciación sí pertenezca a este último.
La última palabra:
Una propuesta visual incomparable cuya pausada narrativa puede ser un deleite para unos y una aburrición para otros; pero como sus pretensiones no son comerciales, su valor artístico crece con cada cuadro del metraje.
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