Un hombre coloca un anillo de matrimonio en el dedo de un cadáver y le pide como broma que se case con él. Para su sorpresa, la muerta revive para exigirle que cumpla la promesa de amor recién hecha. Aunque se oye bastante fantasioso, perfecto para la imaginería visual de Tim Burton, el argumento parte de una leyenda urbana rusa del siglo XIX, en la que un hombre debe dar paz eterna al espíritu de una mujer que se le apareció para casarse con él, luego de que éste recitara sobre su tumba una promesa de amor. Por supuesto que la adaptación es bastante libre, y bajo la mirada de Burton y acompañada de la música de Danny Elfman, se convierte en un verdadero festín para los sentidos.
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